Recientemente AVAF ha tenido a bien reestructurar su página web. Y un nuevo miembro de la misma, experto en estos avatares informáticos, ha dedicado mucho más tiempo del que imaginaba en esta reforma, puesta al día, y notable mejora.

Y como no podía ser de otro modo, en este campo se echa de menos la colaboración de AVAF, que ha sido el principal reclamante de esta mejora cultural valenciana, cuyo hueco hasta la fecha nadie ni nada ha cubierto en su totalidad.

Bien es cierto que ahora mismo hay paneles con retazos de nuestra historia referente al ferrocarril suburbano, en diversas estaciones tanto de superficie como subterráneas de nuestra red de FGV, pero lo cierto es que su Museo, por el que optó libremente el Gobierno valenciano, sigue sin ver la luz.

Las iniciativas para la creación de un escaparate público del transporte vienen de lejos, aspecto ahora considerado ingenuamente movilidad, porque apenas puede uno moverse que no sea andando, y en cambio lo es las más de las veces “montado sobre algún ingenio semoviente”, desde una bicicleta o patinete hasta un vehículo pesado.

Pero es en la etapa europea de bienestar económico, hacia los años ’60 del pdo. siglo XX, cuando afloran estas ansias de perpetuar y difundir los aspectos culturales de la sistemática evolución del desplazamiento humano. Y además se intentan demostrar las variantes de cada entorno geográfico. Lo que sin duda agranda las diferencias, y muestra una cara hasta ahora oculta, de cómo se aplicaba cada nuevo invento en cada lugar.

Así nacen los Museos del Transporte Clapham en Reino Unido en 1961, el de la SNCV o red secundaria nacional belga en 1962, el alemán de Nüremberg y el francés de Mulhouse ambos en 1976, y el japonés del Patrimonio Industrial o el del transporte urbano parisino en 1977.

En España las cosas en este inicio, no andan tan mal ni tan retrasadas.  El nacional de nuestra RENFE nace en 1967 e inaugura los Museos españoles del Transporte, si bien en un reducido espacio del Palacio Fernan Núñez, un marco palaciego de cualquier modo espectacular, y gracias al concurso del inefable ingeniero Francisco Wais San Martín, y en cambio en un ferrocarril industrial como era el del Rio Tinto, no llega hasta 1974.

Y en la Comunidad Valenciana se atisba una especial debilidad al ver periclitar tal vez el más diminuto y gracioso de nuestros ferrocarriles, que naciera como tranvía castellonense, La Panderola, clausurado en 1963. Lo que hizo reavivar un sentimiento de nostalgia ferroviaria que siempre subyace en nuestras conciencias particulares.

Es así como se explica que dos de sus locomotoras Krauss y unas diminutas muestras de respectivos convoyes se expusieran respectivamente en Castellón con la nº 1 y en Valencia con la nº 3. A lo que siguiera años después, una atrevida carta que dos jóvenes como Miguel Corell y el que esto escribe, el 24 de setiembre de 1977, dirigieran al Delegado de FEVE en Valencia D Aquilino Campa Martín, con el adjunto ruego de preservación de 13 vehículos que consideraban estos estudiantes, como material histórico a preservar…      

Juan Luis Llop, Valencia, a 1 de junio de 2021.

imagen:  Recorte periódico || autor:  publicado Diario Levante 22-03-2003